Pensar que hace un año atrás, un día como hoy te ví por primera vez. Fuiste el primero que se acercó a hablar conmigo, y desde ahí empezé a conocerte. Eras maduro, inteligente, responsable, cariñoso, fiel, lindo, divertido.. eras como un Ken de carne y hueso. Nunca quise tanto a alguien así como a vos, nunca había tenido tantas esperanzas como para imaginarme la vida con alguien, nunca había confiado ciegamente en un hombre hasta volverme ciega, nunca había enloquecido tanto de llegar al punto de arriesgar todo por una persona, nunca había tenido tantas ganas de estar con alguien como con vos! Pero algo de todo esto falló.. la vida me demostró con el tiempo que no eras quien demostrabas ser, y que eras realmente lo contrario. Después de tantos laaaargos y costosos meses aprendí a patadas a que no me merecías, que no soy tan poca cosa para rebajarme a alguien como vos, que tengo que conocer mejor a las personas para poder saber si son ese Ken que tanto busco, que no vale la pena sufrir por alguien que claramente no vale la pena. A pesar de todo, tengo que agradecerte – y acá es donde muchos se deben preguntar ¿Qué hay que agradecerle a una persona así?- pero la verdad es que en este año aprendí mucho de todo eso, me hizo más fuerte, me hizo crecer, entender mejor las cosas, y puede que también dejar de vivir en esa nuve rosa en la que vivía. Gracias, si de verdad gracias, porque debido a vos, ya no creo ni en los hombres ni en el amor!
31 ago 2011
“ Ella no es perfecta. Tú tampoco lo eres, y ustedes dos nunca serán perfectos. Pero si ella puede hacerte reír al menos una vez, te hace pensar dos veces, si admite ser humana y cometer errores, no la dejes ir y dale lo mejor de ti. Ella no va a recitarte poesía, no está pensando en ti en todo momento, pero te dará una parte de ella que sabe que podrías romper. No la lastimes, no la cambies, y no esperes de ella más de lo que puede darte. No analices. Sonríe cuando te haga feliz, grita cuando te haga enojar y extráñala cuando no esté. Ama con todo tu ser cuando recibas su amor. Porque no existen las chicas perfectas, pero siempre habrá una chica que es perfecta para ti. ” Bob Marley
29 ago 2011
25 ago 2011
24 ago 2011
Otra vez más, me descargué. Gracias.
El tiempo se detiene por un instante, y como si la memoria fuera un video en el que uno puede regresar para volver a ver lo vivido, me embarco en un viaje retrospectivo a mi infancia.
Al ser niños, todo nos parece grande, una aventura sin igual y nos sentimos más protagonistas que nunca de nuestra propia vida (siempre debería ser así, debería). No hay preocupaciones, tenemos los sentimientos en su estado más puro, cada día es un descubrimiento que nos dejará una marca imborrable grabada a fuego en nuestra piel. Las cosas más simples eran aquellas que más nos entretenían, un mundo perfecto sin dudas.
Sin embargo, no todo era color de rosas, seguramente a todos así como pasamos los mejores momentos de nuestra vida en la niñez, también pudimos pasar por los peores momentos, esos que nos definen,
sea para bien, sea para mal.
Después de tanto recordar, me dispongo a volver a la realidad y automáticamente me pongo a reflexionar. Una de las primeras cosas que se me viene a la cabeza es el hecho de darme cuenta en la rapidez del tiempo, en su andar sin pausa y en lo corta que es la vida. ¿Estaré aprovechando mi vida? Una pregunta inevitable, que en lo personal no me atrevería a contestar con seguridad.
Otra de las cosas que surgieron en mí después de sumergirme en tan intenso viaje al pasado, es darme cuenta que el hombre cuanto más se acerca a su madurez, más extraña aquellos viejos tiempos de la niñez. Cuanto más grandes somos, más chicos queremos ser. El hombre al madurar, renuncia inconscientemente a aquellos valores que teníamos de chicos, y que serán cosas que seguramente ya de grandes no podemos recuperar. Como ser la felicidad sin razón, la inocencia, el asombro por cada descubrimiento, la seriedad con las que nos sentábamos a jugar. Son todas cosas que de grande, se van cambiando por nuevos hábitos como la rutina, la falta de interés por las cosas más simples, la falsedad, entre otras.